EL ZEN

Definición:

Si el yoga procede de la India y es del Hinduísmo, el Zen es propio del budismo y procede del Japón.

Hoy día cuando el budismo atraviesa una honda crisis en el Japón, el zen penetra firmemente en occidente, proncipalmente en los monasterios y casas de espiritualidad, en los que se practica el zezen o forma de meditación zen. En el Japón se han constituido "zendos" (monasterios zen) en los que los occidentales son amaestrados para marchar después a Europa y Estados Unidos, donde ellos enseñarán el zen en su propia lengua. En Madrid acaba de crearse na comisión entre los más veteranos en el zen para la organización de sesiones de iniciación y práctica.

En el zen hay también diversidad de ramas o tradiciones, como el "soto-zen~ y el "rinzaí-zen~': las diferencias, más que en el fin que buscan, están en el camino que siguen.

Algunos presentan el zen como religioso, como el "fondo de toda religión" y algo que puede existir en todas las religiones, y hasta hay quien afirma que converge con la Biblia, es más, que Cristo y Buda son parecidos, buscando paralelismos entre el espíritu del zen y los pasajes del Nuevo Testamento, sin escrúpulo de instrumentalizar la Palabra de Dios.

Es muy difícil para un occidental comprender y explicar lo que es el zen, ya que el lenguaje y la mentalidad de las concepciones religiosas orientales son tan diversas de las occidentales que prácticamente es imposible traducir. Esta dificultad es aún mayor con el zen.

Si en el yoga la cumbre a la que se llega es el "samadhi", en el zen el punto culminante a que se puede llegar por la experiencia meditativa es el despertar o la iluminación interior en la que se da la toma de conciencia del Yo universal y en la que uno mismo se identifica con el todo: esto es lo que se llama el Satori.

En el Satori toda la diferencia entre el Yo y el Tú, entre Dios y el hombre, desaparece. Es el espíritu de Buda o Bodhi (el saber por el que se experimenta la iluminación) o Prajna (suprema sabiduría).

 

He aquí algunos reparos que un cristiano no puede minimizar:

a) La práctica del zezen implica de algún modo la adopción de la filosofía e ideología que subyace en el mismo, en la que no se da una distinción entre un Dios creador y las cosas: el Ego absoluto es más bien el Dios casi personal. Este es el punto neurálgico de la diferencia. De Dios se hablará en tanto en cuanto realización de sí mismo. El hombre - zen podría decir: "yo soy tan grande como Dios, El es tan pequeño como yo".

b) Bajo el análisis implacable de la luz zen, aquel que lo abraza ha de repensar todo, hasta los conceptos que tiene de Dios, de su yo, de la persona. Y esto necesariamente según el espíritu y la mentalidad del Budismo.

c) La semejanza del zen con la vida y la mística cristianas no tiene sentido más que en la línea de una meditación de tipo intuitivo y no discursivo, lo cual se da en la contemplación cristiana en grado mucho más profundo. Puede haber ciertas coincidencias entre la iluminación del budista y la contemplación del místico cristiano: en ambos se da una intuición del ser, es cierto. Pero a pesar de todas las concordancias, siempre hay una diferencia esencial.

Para terminar reconozcamos que una gran mayoría de cristianos nunca llegan a descubrir la oración cristiana, ni a tener una experiencia profunda de Dios en la oración.

Habría que atender más a este aspecto tan esencial de la educación de la fe, en la que se ha puesto más el acento en lo que a la transmisión de conocimientos se refiere con detrimento de una preocupación por la creación de actitudes evangélicas.

Es necesario llegar por una oración profunda, sosegada y; humilde, a una relación profunda con el Señor Resucitado, al que no podemos aceptar como camino si no aceptamos como verdad y vida.

Quizá se estaba perdiendo la clave de la oración y de la contemplación. Tenemos un rico tesoro de sabiduría y experiencia en las Sagradas Escrituras y en la tradición cristiana acumulada durante siglos. No tenemos por qué ir a buscar el secreto de la oración y hasta la sustancia de los misterios divinos en otras fuentes fuera del cristianismo.

Quizá también necesitemos redescubrir la experiencia de los místicos cristianos, esa experiencia que brotó espontáneamente del desarrollo de las grandes virtualidades de la vida cristiana, y que se manifestó en todos los tiempos, desde la época de los Padres, pasando por la Edad Media y el Renacimiento, hasta los grandes contemplativos de nuestros días.

Nota: Sobre este tema la Iglesia oficialmente ya se ha pronunciado, cfr. Congregación para la doctrina de la Fe, Carta de los Obispos a la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, Octubre 15/89.

Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo-Libro Ángeles y demonios.

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