PENSAR LA SEXUALIDAD


Peligros de la pornografía y el erotismo

La pornografía implica la descripción de escenas sexuales que se muestran tal y como se realizan; también se encuentran, bajo esta denominación, todas aquellas gráficas de mujeres u hombres desnudos aunque no estuvieran realizando ningún acto sexual. Estas imágenes que se producen para las revistas, periódicos folletos, televisión, videos o cines, van a permanecer grabadas en la mente de la persona que las observa; el subconsciente toma todo lo que ve, lo descifra, piensa sobre ello y archiva totalmente la información.

Investigaciones y estudios

Los investigadores norteamericanos Dolf Zillman, y Jennings Bryant, luego de estudiar los efectos nocivos de la pornografía, llegaron a la siguiente conclusión: “Los hallazgos no dejan lugar a duda, que la repetida exposición a la pornografía común y pasiva, es capaz de alterar las percepciones y disposiciones hacia la sexualidad y las relaciones formadas sobre esa base”.

En su minucioso estudio, encontraron que la pornografía hace creer a la gente que:

  • El más grande placer sexual viene sin necesidad de compromiso.
  • La pareja piensa que no hay problemas en ser infieles el uno al otro.
  • Se corren riesgos de salud reprimiendo el deseo sexual.
  • La promiscuidad es cosa natural.
  • Los hijos son una desventaja y una carga.

El Doctor Víctor Cline, profesor de la Universidad de UTA, dice que hay 4 efectos que se producen cuando se miran escenas pornográficas:

1. Estimulan y despiertan sentimientos sexuales agresivos.

2. Muestran e instruyen en detalle cómo hacer el acto.

3. El acto, en un sentido, se ha hecho legítimo por repetidas exposiciones.

4. Incrementan la disposición del individuo a actuar tal como ha visto.

La pornografía pasiva

El investigador canadiense James Check, encontró que la pornografía llamada pasiva (la que se proyecta en la mayoría de las telenovelas, ciertas series de la televisión, algunas revistas o periódicos), incita igual que la pornografía violenta (los deseos para cometer violación u otros abusos sexuales).

Muestra que, en general, la pornografía común, no violenta, tiene una fuerte influencia sobre la voluntad de los hombres, para forzar a sus parejas a realizar actos sexuales que no serían de su agrado.

Los hallazgos también demostraron que la exposición a la pornografía pasiva, genera en el hombre la falsa idea de que cuando la mujer dice “no”, en realidad está diciendo “si”, y que al final no sólo desecha el “no”, sino que aún disfruta de cualquier proposición sexual que se le haga.

Niveles de adicción

Dolf Zillman, en su obra “Media, Children and the family” indica 4 niveles de adicción progresiva, respecto a la pornografía:

1. Adicción propiamente dicha: Las imágenes pornográficas desatan en el organismo reacciones físicas y químicas muy específicas, provocando que la persona quiera “ver más”. La adquisición de material se hace constante y se pierde el dominio sobre la voluntad.

2. Escalada: Se requiere de imágenes cada vez más fuertes y explícitas. Se inicia el desarrollo de conductas anormales en el convivir con la pareja. Disminuye la capacidad de amar, y el uso de estos materiales en el matrimonio es muy peligroso. El marido adopta y adquiere desviaciones sexuales por adicción.

3. Desensibilización: Lo que al principio podía parecer repulsivo e inmoral, se vuelve aceptable, y hay desesperación por no encontrara algo nuevo.

4. Actuación: Los ejemplos aprendidos son llevados a la práctica.

Fuente: varias páginas de Internet


Cuando amor y sexo se confunden

Aunque tengamos una fecha para celebrar el amor y la amistad, no es suficiente quedarnos con un día para recordar esa realidad tan profunda en el ser humano. Cada día hemos de tener conciencia de que el amor es el motor que impulsa todas nuestras actividades. Está en lo más íntimo de nosotros. Por eso, todos los días han de convertirse en una auténtica fiesta de amor y amistad. De todos modos, las celebraciones nos ayudan a profundizar en los respectivos temas. En este caso, aprovecharemos para hacer algunas reflexiones sobre el amor. Tema complejo, pluriforme y, desgraciadamente en la actualidad, confuso y deformado.

El amor tiene muchas caras, aunque podemos hablar de dos grandes aspectos: uno subraya el espiritual, el otro el corpóreo. Con gran profundidad y precisión, Benedicto XVI los expone en la Encíclica Dios es amor. Los llama agapé y eros respectivamente. Dos dimensiones profundamente unidas donde ha de existir un equilibrio. Cuando se rompe la armonía, uno de los dos asfixia al otro, y entonces la persona sufre y queda expuesta a un sin número de confusiones tanto en los enfoques como en la conducta.

¿Qué me puede ofrecer?

Como una de las características del ser humano es procesar, ir poco a poco, de lo más fácil y cercano a lo más difícil y profundo, también en la maduración del amor sucede lo mismo. Por eso, cuando una persona encuentra afinidad y atractivo por otra, al principio parte de lo externo y centrada en sí busca el placer, sentirse bien, encontrar un estímulo agradable. La pregunta es ¿qué me puede ofrecer? En estos aspectos predomina el eros, aunque nunca deja de separarse del ágape, de la espiritualidad.

Poco a poco, la persona madura en su amor y entonces empieza a pesar mucho más el afán de agradar al otro, se preocupa más de lo que puede necesitar y trata de darlo. En definitiva, el amor auténtico es una adecuada combinación de dar y recibir, tanto en el aspecto corporal como en el espiritual. Es poseer al otro, pero correspondiendo con la entrega incondicional.

Cuando en el amor humano entre un hombre y una mujer hay armonía entre lo corpóreo-anímico, entre lo sexual-espiritual, la consecuencia que fluye espontánea es el deseo de prolongarse mutuamente en un nuevo ser, es contribuir ambos y encontrar en alguien más parecidos consigo y con el otro. Esa es la maravilla de la procreación: reconocer algo de sí en el engendrado y encontrar también al amado en esa nueva criatura.

Sólo en esta unidad corpóreo-espiritual, cada persona en su concreción individual como varón o como mujer, manifiesta en su conformación corpórea, puede comprender al sexo como un constitutivo de lo humano. Entonces queda claro que el sexo no puede separarse del modo como se conduce una persona, del psiquismo y de lo específicamente espiritual. Con estas premisas, el ejercicio de la sexualidad, el acto de unión físico entre un hombre y una mujer, es un acto de intercomunicación personal porque también es un acto psíquico, y ambos actos están dirigidos por el acto espiritual de donación y recepción.

Amor deshumanizado

El problema contemporáneo consiste en una reducción del amor a la relación erótica-sexual, en el nivel de lo corpóreo y de lo psíquico, separándolo de la dimensión espiritual. Entonces, ese amor queda deshumanizado. Se exaltan las técnicas de seducción, el afán de encontrar nuevas sensaciones y, por lo tanto, la fidelidad pierde sentido. La relación es una pseudo relación porque cada uno está centrado en sí, pide pero no da. Mucho menos cabe la posibilidad de pensar en la prole. Como no hay donación, ese nuevo ser no ofrece más que molestias.

En el mundo actual, el amor que se promueve es un amor infantil, como el del niño que quiere a los demás por el alimento que le dan. En estas condiciones, cuando alguien cansa, porque ya no existe la novedad, se cambia por otro, y así sucesivamente. Se instrumentaliza la relación, se subordina a la incursión en nuevos placeres. Así, al separar de la sexualidad la comunión con el otro, tampoco se incluye la ayuda mutua estable, y mucho menos la procreación. En este estado, la respuesta al título de este artículo es negativa, el amor no es lo mismo que sexo.

En cambio, cuando la relación comprende todas las dimensiones del ser humano, es integral y, paradójicamente, podemos decir que amor y sexo sí se pueden identificar. Sin embargo, para no equivocarse con esta afirmación, hace falta contestar afirmativamente las siguientes preguntas: ¿comprendo al otro?, ¿busco desinteresadamente su bienestar?, ¿lo perdono o lo disculpo cuando no corresponde a mis aspiraciones?

El auténtico amor es casto porque no inicia la dependencia de las relaciones sexuales antes de ofrecer una estabilidad de vida propia del hogar común. Es casto porque no asfixia la vida de un nuevo ser con medios artificiales y argumentos artificiosos. Es casto porque realiza el acto unitivo con quien se ha formado una familia. Es casto porque en la familia se cultiva la calidez propia del hogar y la apertura a nuevos seres. Es casto porque evita cualquier ocasión de infidelidad. Es casto porque fortalece la entrega con el cuidado mutuo. Es casto porque con el atractivo sexual no se busca promover pasiones degradantes, sino realzar los impulsos de nobleza. Es casto porque hay armonía entre el mundo familiar y el mundo extradoméstico. Sólo así, amor y sexo pueden identificarse.

Por Ana Teresa López, Doctora en Filosofía. Fuente: Conoze.com


¿Entienden igual la sexualidad los varones y las mujeres?

Varón y mujer somos iguales en dignidad. Pero la diferencia de sexos nos hace diferentes no sólo físicamente, sino también sentimentalmente, funcionalmente, intelectualmente, espiritualmente.

Porque varón y mujer resultan complementarios. Lo específico de cada sexo hace el equilibrio, la balanza del otro. Por tanto, el amor de pareja, el amor conyugal, sólo puede florecer en dos seres a la vez distintos y complementarios, cuyas características se refuercen y se perpetúen en un nuevo ser, distinto de ellos pero con caracteres y funciones de uno y otro.

Dentro de una relación, el varón será siempre más impulsivo. Dada su naturaleza activa, tenderá a la relación inmediata. La mujer, por sus características, será siempre más receptiva, esperará que se le considere y valore en todo lo que ella vale. El hombre será siempre potente y arrojado.

La mujer desarrollará su capacidad magnética, pasiva. Desde las células germinales aparece esta característica: el espermatozoide es luchador, combativo, activo, emprendedor. Afanoso, va en busca de su complemento. El óvulo, por el contrario, espera; se caracteriza por su tranquilidad receptora, se deja querer. Sabe que el esperma lo necesita para lograr su fin, y parece que no le corre ninguna prisa.

El impulso sexual entre varón y mujer es, pues, diferente, y habrá que tenerlo en cuenta para que la relación conyugal sea armónica y no una fuente de conflictos.

En la mujer predomina la afectividad sobre la sensualidad, por lo que para ella será más importante la seguridad de saberse amada que la unión corporal. De ahí que la unión entre los esposos deba comenzar por la unión de sus corazones; de este modo, la unión de sus cuerpos vendrá a ser la culminación de aquello que ha comenzado en el interior de cada uno.

Fuente: P. Ricardo Sada Fernández (www.encuentra.com)


La castidad, el lenguaje del amor

El hombre consciente y libre dirige su vida, ¿hacia dónde? Hacia donde le indique su inteligencia animada por su corazón.

El ser humano, rico en valores –que desarrolla hasta la virtud–, es capaz de buscarlos, de encontrarlos, y es libre para adherirse a ellos o no. La castidad es una de esas virtudes que vale por sí, que cuesta porque es preciada, y que llena porque, con lo que exige, la recompensa es siempre mayor. Pero el casto no nace, se hace, implica un proceso de educación. Cada forma de vida, condición y vocación, precisa su educación en la castidad y, todas, dentro de la misma sociedad, la nuestra. (Carmen María Imbert)

Comencemos con una ilustración muy sencilla, pero curiosa; la de la estupidez en la que vivimos. Y es que, a pesar de que he visto a muchas personas criticando la castidad, a veces furiosamente en contra, y otras, las menos, defendiéndola con discursos débiles, nunca he visto a ninguno empezar preguntándose qué es la castidad. Emiten una mueca burlona al escuchar su nombre, la denigran con críticas negativas, la hacen añicos y exhiben los trozos como muestras, pero nunca la miran a los ojos. Nadie se pregunta, aunque sólo sea por curiosidad humana, qué es, o por qué es, o por qué la mayoría de la Humanidad cree que debe ser lo que no es. Para no caer en la misma estupidez, empecemos definiéndola.

Si acudimos al diccionario de la Real Academia, la castidad se define como «la virtud del que se abstiene de todo goce sexual, o se atiene a lo que se considera como lícito». Pero si consideramos esta virtud desde su dimensión plena y positiva, no como una negación de otra realidad, es necesario hacer justicia y completarla. El Catecismo de la Iglesia católica responde así en el número 2.339: «La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado».

Todos estamos llamados a la castidad, a disfrutar del valor de la castidad. Todos, sin discriminaciones. Por eso se puede hablar de castidad en la juventud, castidad en el matrimonio, castidad en la consagración, castidad en la ancianidad, castidad en la viudedad. Y en todo caso ocurre lo mismo: la persona que va más allá de los valores útiles o vitales y llega a los espirituales, en este caso, al vivir la castidad, conoce en sus propias carnes lo que significa el amor pleno. Ahí radica el valor de esta virtud, en que sirve de lupa de aumento ampliando las potencias humanas hasta realizar plenamente a la persona.

Virtud que vale y cuesta

A todo ser humano le atrae la idea de ser él mismo, de controlar la situación, de llevar las riendas. Quizá ésta sensación sea mayor si lo que gobierna es lo más preciado, lo más suyo. En la persona lo más valioso es su corazón, su capacidad de amar. La castidad es precisamente esa virtud de gobierno, control, dominio, esa gimnasia del corazón que mantiene en forma la dimensión sexual de la persona y su posibilidad de mayor amor.

Los malos ojos con los que se ha mirado con frecuencia esta virtud responden al ser perezoso que llevamos dentro, a la ley del mínimo esfuerzo. No es fácil amar, a pesar de la falsa apariencia que, en películas, series, novelas y foros diversos, se le ha dado a esta cualidad humana, reduciéndola, en la mayoría de los casos, al aspecto genital. Una falsedad repetida y repetida, no se convierte en verdad, pero se manifiesta como algo normal, al menos normalmente aceptado, que, con la insistente repetición, pasa de normal a normativo: «Si no haces el amor con él, es que no le quieres de verdad». Confusión, complejos y pobreza personal se dan al sesgar esta capacidad de la persona. Sólo los que piensan por sí mismos, y no les piensan, los que viven libres sin el lastre del qué dirán, o peor, qué pienso que pensarán, son capaces de dar el salto a lo auténtico, aunque, como se dijo más arriba, no sea fácil, aunque suponga exigencia, porque vale la pena, como sintetizó el filósofo francés Maurice Blondel: «El amor es lo que de verdad hace que seamos».

El escritor y periodista inglés con más sentido común, inteligencia y elocuencia, sazonado todo con una abundancia generosa de sentido del humor, Gilbert K. Chesterton explica: «En todas las épocas y pueblos, el control normal y real de la natalidad se llama control de uno mismo». Esto mismo se puede referir a la castidad, control de uno mismo desde la raíz. Pero eso cuesta, y pocos, muy pocos, serán capaces de proclamar y defender esta práctica, porque no es fácil, supone un esfuerzo como todo lo que vale. Sólo aquellos pioneros, aquellos que quieran a las personas por ellas y no por lo que tienen, tendrán el valor de proclamar la castidad, si les dejan. El teólogo y jesuita español padre Juan Antonio Martínez-Camino escribió un artículo en enero de 1999, con motivo de la campaña contra el sida que, bajo el eslogan publicitario Si te lías... úsalo, animaba a los jóvenes madrileños al llamado sexo seguro, equiparado al preservativo. Envió el artículo a un diario español de tirada nacional que se autodefine como independiente, y que nunca se publicó, ¿por miedo, complejo, estrechez? «La Iglesia predica la castidad.

La sexualidad humana no es ni una evasión, ni un objeto de consumo; es cauce maravilloso para expresar un amor verdadero. La castidad no es la represión de la sexualidad, sino la fuerza virtuosa que le da sentido humano. Lo cual, como todo lo que vale, tiene un precio». La Iglesia es una de esos pocos que se atreven a mostrar el beneficio de la castidad. Y precisamente cuando falla en esto en alguno de sus miembros, es la sociedad misma, que para sí desprecia esta virtud, la que se apresura a recordárselo, a exigírselo, quizá porque en el fondo no se desprecie la castidad, sino el esfuerzo que se precisa para vivirla. Ejemplos de esto hemos tenido no hace mucho, pero son tan viejos como la vida misma, y de ellos es bueno aprender. Uno de los casos más escandalosos dentro de la Historia ha sido el de aquel joven de Hipona al que, con el tiempo y su virtud, se le conoce por san Agustín.

En su libro Confesiones declara que había una cosa que lo detenía: el miedo a no ser capaz de ser casto: «Las cosas más frívolas y de menor importancia, que solamente son vanidad de vanidades, esto es, mis amistades antiguas, ésas eran las que me detenían, y como tirándome de la ropa parece que me decían en voz baja: Pues qué, ¿nos dejas y nos abandonas? ¿Desde este mismo instante no hemos de estar contigo jamás? ¿Desde este punto nunca te será permitido esto ni aquello? Pero ¡qué cosas eran las que me sugerían, y yo explico solamente con las palabras, esto ni aquello!»

Sobre lo erótico

La tesis cristiana consiste en afirmar la unidad de las dimensiones: el ethos (es decir, el respeto y el amor a la persona por sí misma, en la acogida y en el don de sí) es la forma madura del eros. Ethos y eros, lejos de contraponerse como enemigos, están llamados a encontrarse y a fructificar juntos. Precisamente subordinándose al ethos, el eros se conserva y se mantiene. La castidad implica una justa valoración del cuerpo y de la sexualidad, que no es represión, ni tampoco idolatría. La ética cristiana recuerda que no está en el cuerpo, reductivamente considerado, la clave de la verdadera felicidad, ni tampoco de lo sexual.

Ésta está sobre todo en la totalidad de la persona, en la que está impresa la imagen de Dios, llamada a vivir el don de sí y la acogida del otro y a expresar así, también mediante la sexualidad, aquella comunión de personas, que se hace semejante, en algún modo, a la perfección de la vida de amor de la Santísima Trinidad.

(Livio Melina, Vice-Presidente del Instituto Juan Pablo II)

Castidad en la juventud

La juventud es el período de vida en que más se necesita de esta virtud, precisamente porque es cuando se experimentan los tirones hormonales y pasionales más fuertes, como vientos impetuosos que parecen difíciles de controlar. Es aquí donde comienza a tomar rumbo propio la vida, y dar un paso en falso en este momento tiene consecuencias de mayor trascendencia.

El joven lleno de pasión cae en el error si no se le educa a tiempo y sin complejos de creer que puede separar perfectamente el plano psicológico del espiritual y del biológico; y que puede no vivir en castidad sin que tenga consecuencias. Es una tara del educador de hoy.

No se habla de castidad al joven porque se dice no lo va a entender, no lo puede vivir y, lo más absurdo, se le puede frustrar. Precisamente apunta el psicólogo vienés Victor Frank, «uno de los desarreglos psíquicos que padecen muchas de las personas actualmente no es la llamada represión sexual, como pensaba Freud y buena parte de sus epígonos, ni el complejo de inferioridad como afirmaba Adler, sino el vacío interior que sigue a la pérdida del sentido de la vida».

Hoy, más que nunca, el alto porcentaje de jóvenes que pierden el sentido de vivir, o al menos viven como a rastras, se debe a un vaciamiento progresivo de amor en su relación con los demás, a un pretender separar sexo de amor; más aún, a pensar que son sinónimos. Y si las consecuencias no se perciben en la juventud, queda un lastre para cuando se es adulto, con una inmadurez afectiva, que ya no sólo le hará fracasar en sus relaciones futuras, sino que, como el ser humano es una unidad, afectarán a otros campos de la vida, con el asombro de quien lo padece, que no acertará a reconocer cuál es la causa de tal enfermedad.

Al joven se le educa, y se autoeduca, en la castidad cuando se le educa la voluntad. Esa capacidad de ponerse metas pequeñas que apuntan a un fin más alto. Sin voluntad el joven está condenado a la tiranía del capricho, y ésta puede ser mortal para su sexualidad. El joven no conoce su futuro, y por mucho que lo intenten adivinar horóscopos y tarot, lo cierto es que él es el único albañil de su porvenir. Necesita, por supuesto, de algún que otro arquitecto que le indique.

Lo que haga con su corazón, las muescas que le vaya haciendo, aun sin saber el alcance que pueden tener, más tarde o más temprano habrá que curarlas. El psiquiatra Enrique Rojas, en su estudio sobre la personalidad y la autoestima titulado ¿Quién eres?, habla del inmaduro afectivo: «No sabe decir que no a los nuevos e inesperados afectos con los que puede romper el equilibrio de la pareja, porque le resultan divertidos y le alejan de la monotonía. Esta filosofía del me apetece convierte a la persona inmadura en veleta giratoria y sin rumbo, en alguien zarandeado por el estímulo inmediato». La responsabilidad entonces no recae en el uso del preservativo, sino que la asume el joven que preserva su integridad.

Castidad en el noviazgo

La castidad se hace más necesaria todavía en el noviazgo. No es una razón de papeles, sino de un marco de referencia donde existe la entrega total; un Te amo que implica no terminarse en el tiempo, es decir, una entrega de la persona y una acogida del otro con totalidad, y eso incluye también la dimensión pública. Si no se hace así, ni se tiene ni se recibe, ni se acoge. La Madre Teresa de Calcuta, en unas palabras dirigidas a los novios, les proponía que el regalo mayor que podían hacerse el día de su boda era el regalo de su propia virginidad. Pero hay muchos casos de novios que acuden al matrimonio con una experiencia sexual ya vivida que anuncia la dificultad para que esto se dé.

Esa dificultad de vivir la castidad en el noviazgo no radica en la debilidad, ante la que contamos siempre con el sacramento del Perdón, que cura las heridas y restablece la pureza del amor, haciéndolo más fuerte y capaz de lo mejor. Hay que reconocer que otros planteamientos que, en principio, parecen liberar más a la persona, la están condenando a vivir en manos, únicamente, de su propia libertad y, por tanto, condenada a sus errores. Los novios que entienden que las relaciones prematrimoniales son un egoísmo consentido a dúo, que imposibilita comprender la densidad de la entrega conyugal, han puesto ya los cimientos sólidos y resistentes de un edificio que difícilmente se lo llevarán las mareas propias de la vida matrimonial.

A pesar de lo que se diga o, mejor, de lo que cuenten, la castidad es la única forma de conseguir un amor amplio, más allá de lo biológico, no amando sólo con el cuerpo sino con el corazón, más allá del Carpe diem. La castidad es una virtud moral, y, por tanto, requiere, además de la gracia, un esfuerzo. No es imposible, y aunque aterra ver cómo se repite y se pregona su impracticabilidad en series, películas, programas y distintos medios con estrechez de horizonte, aterra más aún su llamativa tendencia a generalizar esa estrechez.

Ecología sexual en el trabajo

El valor del pudor y la serenidad en los encuentros mujer-hombre ofrecen la posibilidad de evitar situaciones no deseadas y siempre de lamentables consecuencias.

Una cultura del pudor, de la prudencia en las relaciones dentro del ámbito laboral y profesional, separando lo personal de lo específicamente laboral, sin confusiones o enredos desafortunados, además de una difusión de los valores cristianos, ayudará a crear una cultura serena y respetuosa.

Las experiencias y pistas de profesionales veteranas pueden ayudar a decidir qué es lo más prudente en cada caso. Además existe una legislación española al respecto que puede facilitar la defensa también legal de los derechos inviolables de la mujer. Se debe contribuir a la difusión de una cultura que favorezca la virtud cristiana de la castidad en la línea del Catecismo de la Iglesia católica, que enfatiza la conveniencia de crear una nueva cultura, de limpieza o ecología sexual frente al hedonismo dominante.

(Rafael Hernández Urigüen en: Una ética para secretarias y ayudantes de dirección. Ed. Grafite)

Virtud que llena

Cualquier vocación es un don inmenso que exige una conquista diaria. Para el consagrado o el célibe, la castidad, más amplia al entenderla en la virginidad, es la clave para conseguir tener un corazón indiviso, sin fisura. Todos entendemos que, cuando se consagra una copa para el servicio eucarístico, ese vaso toma la condición de sagrado, por pertenecer desde ese momento, de un modo exclusivo, a Dios. Cuando se consagra una persona, no es una consagración sólo del cuerpo; también se entrega el ánfora del corazón. Y éste es como el frasco de los perfumes, necesita mantenerse bien cerrado para no perder su aroma.

El corazón del célibe, del consagrado, requiere y necesita humildad, oración, mortificación, penitencia, silencio y guarda de sentidos. Todo, desde una ascesis que guarde lo más preciado, lo más sensible, lo más débil, el corazón. Cantaré, cantaré incansablemente, aunque tenga que sacar mis rosas entre espinas. Ascesis, sí, esa palabra que a algunos se les atraganta y a muchos les da libertad de espíritu y de cuerpo; ascesis que se concreta en un constante trabajo por purificar el corazón. La maduración afectiva que estabiliza una vida consagrada no se consigue en un día. Es el producto de una lenta multiplicación de pequeñas victorias. Requiere delicadeza que potencie la dimensión esponsal de la consagración, y entusiasmo apasionante por una misión que llena la vida. El mayor riesgo es mantenerse ocioso. El consagrado que precie su corazón sabe que debe estar siempre ocupado, vivir la vida y no dejar que la vida le viva a él.

La política para la castidad del consagrado respecto a las demás personas se resume, a la luz de Las Cautelas de san Juan de la Cruz, en la igualdad de trato; en las manifestaciones exteriores y en los afectos del corazón, dirigir, quizá forzando en un primer momento, amar de forma ecuánime y magnánima; no caer en ninguno de los dos extremos: ni preferir a unas personas más que a otras, ni profesionalizar la vocación no amando a cada persona en particular. Sencillo y complicado a un tiempo; necesario siempre. La solución: enamorarse de Cristo. Ya lo decía el santo Claudio de la Colombière: «Para hacer mucho por Dios es necesario ser todo suyo». «¿Quieres conservar tu corazón puro? –preguntaba el jesuita padre Tomás Morales–. Entrégalo a todos sin dárselo a nadie».

Es difícil entender por medio de qué contorsiones de pensamiento retorcido se ve malo lo que es bueno, y al revés; es lo que ocurre respecto a la castidad. Cabe discernir, como lo hacía Cervantes en labios de don Quijote: «Ni todos los que se llaman caballeros lo son del todo en todo; que unos son de oro, otros de alquimia, y otros parecen caballeros; pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad. Hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que a posta mueren por parecer hombres bajos; aquéllos se levantan o con la ambición o con la virtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones».

No se trata de empeñarse simplemente en defender la virtud de la castidad. Lo que debe quedar claro es que es tan fácil defenderla hoy como en tiempos de Cristo. Es un don del todo fuera del tiempo; difícil en todas las épocas, imposible en ninguna.

Cortesía de Alfa y Omega, Semanario Católico de Información Nº 360/26-VI-2003


Ventajas relacionadas con la castidad 

Michel Robillard, médico.

Animo a mis lectores a leer las 12 ventajas por lo que son. Ofrecen un contexto de vida favorable generalmente vinculado a un estilo de vida casta. No digo que una vida casta implica automáticamente todos los hechos enumerados en todos los que practican la abstinencia. Digo que tendrán muchas más oportunidades que estas ventajas ocurran en la vida de las personas que se abstienen de las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Se dice que la excepción confirma la regla. Es posible conocer las situaciones donde los principios enunciados correrían el riesgo de no llegar a la realidad. Pero si se trata realmente de excepciones, no creo que se debería decir que los principios enunciados son falsos. Tú mismo puedes leer ahora mis comentarios sobre las 12 ventajas que resultan siendo castos y puedes tú mismo juzgar. Con el fin de no sobrecargar el texto, no di aquí todas las referencias científicas que apoyan mis afirmaciones. Si quieres saber aún más, compra mi libro: Douze questions à se poser avant de faire l’amour, éditions Carte Blanche. Debe aparecer en el mes de diciembre de 2001.

Ser libre de los peligros relacionados con los métodos contraceptivos: 
Es fácil entender que las muchachas que no tienen relaciones sexuales, no tienen que tomar la píldora, son libres de las hormonas inyectables, del DIU, del condón, de los espermicidas etc. Dado que estos métodos pueden traer todos efectos secundarios, hay ciertamente allí una ventaja para las que eligen la castidad.

¿Sabías tú que los métodos contraceptivos son más peligrosos para los adolescentes que para las mujeres adultas? El DIU, por ejemplo, corre el riesgo de transformar un MTS (maladies transmises sexuellement) en salpin (patología de las trompas) en personas que tienen más de una pareja durante su vida. Comenzando tempranamente tus actividades sexuales, te expuesto que vas a tenerte problemas si un día quiere utilizar el DIU. Varios estudios demuestran que la píldora contraceptiva y la píldora del día después son menos eficaces en los adolescentes y que son a menudo mal utilizadas. 

[...] Es más responsable de tu parte optar por la seguridad total absteniéndote de las actividades sexuales y no consumiendo ningún medicamento susceptible de alterar tu salud. [...] Sería necesario qué asumas inmediatamente los riesgos, sobre todo teniendo en cuenta que las hormonas pueden retrasar el crecimiento de las jóvenes adolescentes. 

Ser libre de los embarazos no deseados:
Sin relaciones sexuales no hay bebés. Obviamente, se puede buscar la excepción. Una agresión sexual es siempre posible. Pero allí aún, es interesante observar que estudios prueban que las jóvenes abstinentes tienen menos riesgo de sufrir la violencia bajo la forma sea[iii]. Otras investigaciones demuestran también que las mujeres casadas son menos atacadas por su pareja[iv] Pues, un adolescente que cree en el matrimonio y que decide esperar este momento para tener relaciones sexuales menos aún corre el riesgo de ser una víctima de la violencia.

Algunos dirán también que un embarazo puede no desearse durante el matrimonio. No obstante, es generalmente mucho más fácil que una pareja casado decida acoger al niño que una pareja de adolescentes. En la adolescencia, los embarazos no se desean. Por toda clase de razones económicas, psicológicas y sociales, no es deseable que ocurran en ese momento.

Ser libre de la carga tener que criar tú sola al niño:
Cuando una madre adolescente decide quedarse con el niño, es muy raro que el padre permanezca a su lado. Cuando es el caso, la presencia del muchacho generalmente es sólo parcial y estas uniones son más frágiles. La madre que debe criar a su niño debe a menudo abandonar sus estudios. Experimenta frustraciones de no poder salir con sus amigos. Termina a menudo por vivir bajo el límite máximo de la pobreza y su niño corre el riesgo de sufrir. Deseo precisar que muchas muchachas son muy valientes en esta situación. Pero no es menos verdad que es muy difícil criar un niño en el contexto de la adolescencia. 

Ser libre de las emociones que rodea el aborto:
En alrededor de un 60% de los casos, una adolescente embarazada decidirá poner fin a su embarazo recurriendo al aborto. Si las mujeres tienen libre acceso al aborto hoy, eso no quiere decir que es fácil de vivir la terrible experiencia. Las mujeres que recurren al aborto se sienten a menudo solas y no se atreven a expresar sus emociones a quien sea. Al reprimir sus sentimientos corre el riesgo de dañar su vida emocional.

Ser libre de todos los problemas causados por los MTS:
¿Los y las que se abstienen de las relaciones sexuales tienen la certeza que ellos o no tendrán MTS? Es la norma general. Pero hay una excepción: algunos MTS pueden cogerse en transfusiones de sangre. Me gustaría que supieras que los MTS muy raramente se transmiten de esta forma a las personas castas. Además, se intenta hoy día evitar las transfusiones y se toman varias precauciones en la extracción de la sangre. ¡Y lo que es más, si viviéramos según los principios de la castidad, no habría sangre contaminada por MTS ya que no existirían simplemente esas enfermedades!

Ser libre de un lazo demasiado fuerte con una persona a la que no quieres realmente:
Los lectores de nuestro sitio parecen haber comprendido bien esta afirmación puesto que suscitó pocos comentarios. En efecto, es lógico pensar que te dedicarás aún más a la persona que estás frecuentando si tienes relaciones sexuales con ella. Varios expertos y distintas investigaciones apoyan por otra parte esta afirmación.

Ser libre de los recuerdos vinculados a las parejas del pasado:
Esta declaración no sorprendió aún más a nuestros lectores. Se dice que la memoria es una facultad que olvida, pero hay límites. Además, la memoria conserva sobre todo los recuerdos que son acompañados de fuertes emociones. Las relaciones sexuales suscitan fuertes emociones y no se los olvida fácilmente. Me dirá: ¿Dónde está el problema? El problema ocurrirá cuando sentirás que tu o tu pareja te compara con las parejas pasadas, que él o ella no han olvidado y así él o ella te hace sentir que no está a la misma altura. Por ejemplo, si una muchacha pide su enamorado a de abrazarla como Juan, de acariciarla como Pedro y vestirse como Francisco, puedes apostar que el amigo de esta muchacha no se sentirá a gusto y que tendrá dificultades a expresar su amor libremente. 

Ser libre de sentirse utilizado:
Una bonita persona es siempre atractiva. Podría tener el gusto de acostarte con esta persona, eso no quiere decir que tú la ames o que te gustaría frecuentarla; menos aún que quieres pasar tu vida a sus lado. Si crees que se deberían tener relaciones sexuales por el placer y no tras una relación basada en el amor, probablemente un día te enredas con una persona que quería solamente vivir una aventura. En este caso, tú te arriesgas de sentirte rechazado cuando esta persona te deje. Tener la impresión de ser desechado después de haber sido usado de seguro te hiere.

La posibilidad de conocer mejor a las personas del otro sexo:
Este enunciado y los tres que siguen plantean más problemas a nuestros lectores. Pero comprenderás rápidamente si lees atentamente.

Muchos jóvenes que tienen relaciones sexuales son como cautivados por el sexo. Es normal. La sexualidad, lo dije, estimula las pasiones. ¿Dónde está el problema? Ocurre que los adolescentes, no viviendo juntos, pasan relativamente poco tiempo a la edad donde comienzan a tener relaciones sexuales.

¡Reflexionados! Supongamos que vas a la escuela y que tienes un empleo de fin de semana. Tendrás encuentros con tu amigo o tu amiga sólo algunas horas por semana. Si pasas mucho tiempo concentrados en el sexo, sólo te queda poco tiempo para hablar y aprender a conocer tu enamorado/a. En comparación, una pareja casta pasaría más tiempo con el otro, haciendo deporte o realizando cualquier otra actividad en grupo o en pareja. Cuando eres activo o activa sexualmente, será difícil profundizar el lazo de amistad que une a ustedes. A la larga, correrás el riesgo de no descubrir cómo piensa realmente un muchacho o una muchacha. Sólo conocería la envoltura carnal del otro sexo.

Ahora bien, en la adolescencia, deberías normalmente descubrir que la psicología de los muchachos es diferente de la de las muchachas. Y es codeándose con distintos muchachos y con distintas muchachas en un contexto social y amistoso donde se puedes darte cuenta eso, y no haciendo el amor en su poco tiempo libre. 

Pensemos ahora en las consecuencias a largo plazo. ¿Qué sucederá si no aprende a conocer bien cómo piensan las personas del otro sexo? Hay fuertes probabilidades que tu futura relación marital se llevará mal. Me he encontrado con decenas de jóvenes parejas que tienen como dificultad principal problema de la comunicación. Observo a menudo que no comprenden simplemente cómo piensa el otro. Además, numerosos son los jóvenes que actúan como si vivieran solos mientras que el hecho ahora de formar una pareja debería modificar varias prácticas en su vida. Pienso que hoy en día estas cosas explican en buena parte la fragilidad de las parejas.

La posibilidad de desarrollar la relación en otros ámbitos:
Las parejas que limitan voluntariamente sus actividades sexuales bucarán de expresar su amor de manera distinta. Sus relaciones de enamorados se desarrollarán a nivel intelectual por el intercambio de ideas, debates, por medio de los trabajos en equipo. Podrán expresar sus sentimientos en forma de palabras. Eso desarrollará también sus capacidades para experimentar y expresar los sentimientos del corazón. Usarán la creatividad para demostrar el afecto al otro: regalos, servicios, cumplidos, pequeñas caricias etc. Hay pues fuertes oportunidades que sus sentimientos de compañerismo, empatía y comprensión mutua sean más profundos que en las parejas activos sexualmente.

Además, en mi opinión, las personas castas pueden evitar mejor los estereotipos sexuales. Aprecian al otro por todo lo que es, un ser único y personal. Un muchacho casto sabe que no es mejor hombre si besa a muchas muchachas y si finalmente las engaña. Del mismo modo, una muchacha sabe que no es más femenina si seduce a todos los hombres vistiéndose de una manera provocadora y actuando con miles de trucos para atraer la mirada. La práctica de la castidad ayuda a desarrollar una identidad sexual centrada en cualidades interiores y no solamente en la imagen corporal.

La posibilidad de desarrollar mejor tus habilidades sociales y tus talentos:
Todos los adolescentes sexualmente activos no tienen el mismo estilo de vida. Imaginémonos dos posibilidades. Por un lado está la pareja que se encierra en su habitación o cualquier otro lugar apto para la intimidad. Esta pareja se aislará rápidamente del resto del mundo.

Del otro lado, él allí a estos jóvenes, a menudo rebeldes, que no tienen mucha simpatía por la escuela y que tienen dificultades a decidir qué es lo que quieren en la vida. Merodean por el parque. Frecuentan los casinos de juegos y las pistas de baile en busca de un grupo que los aceptará. La relación sexual es a menudo para ellos el medio de obtener un poco de amor. Estos jóvenes tienen una red social importante pero a menudo no tienen ni los medios ni la motivación para realmente desarrollar sus talentos.

Al contrario, las parejas castas frecuentan a menudo en grupos donde participan en varias actividades. Desarrollan habitualmente una buena red de amigos. Se interesan en conocer mejor su medio ambiente y su cultura. Puesto que realizan más actividades deportivas, artísticas y sociales, es de esperarse también que se vuelvan hábiles y que descubran más fácilmente sus talentos que las parejas que tienen actividades sexuales.

También, la castidad forma el carácter. El hecho de esforzarse a seguir siendo abstinente desarrolla la voluntad y el control de sí mismo. Eso produce individuos fuertes que no se rinden a la menor frustración y que son perseverantes en el trabajo. Además, una persona casta aprende, por definición, a respetar a su pareja cuando dice que no. Así pues, la práctica de la castidad crea progresivamente un alma pacífica, suave, que tiene en cuenta los intereses de los otros y que no se centra solamente en su propia necesidad. El altruismo es una calidad extraordinaria que ayuda enormemente a formar una pareja feliz.

Por ello, el hecho de elegir la abstinencia mientras que poca gente favorece este método de vida lleva a los jóvenes a ser capaz de pensar por sí mismos, sin seguir a otros como ovejas. Eso también es una calidad que permite avanzar bien en la vida.

La posibilidad de consagrar tus energías que deben prepararse tu futuro:
La castidad, la visión del matrimonio y la ambición de fundar a una familia estable y feliz son tantos factores que ayudan a un joven a tener uno o más objetivos en la vida. Cuando se quiere fundar a una familia, se pretende proporcionar los medios para responder a las necesidades de las personas que dependerán nosotros. La motivación para tener éxito es fuerte. Los jóvenes que no tienen un objetivo preciso tienen menos ambición. El sociólogo Jacques Grand' Maison puso de manifiesto que los jóvenes tienen menos ambición desde la revolución sexual.

Además de ser motivada, la persona que controla sus actividades sexuales tienen más energías y tiempo disponible que puede invertir en otros ámbitos: deporte, estudios, arte, etc. A nivel académico, una imponente investigación científica por otra parte demostró que los alumnos de la secundaria que son castos triunfan mucho más que los demás .. Si crees en el valor de la educación, vas a estar de acuerdo conmigo que estos estudiantes tienen pues también mejores oportunidades en la vida.

Que los jóvenes que se abstienen tienen mayor disponibilidad para sus estudios, no solamente es porque administran diferentemente su tiempo. Es también porque tienen la conciencia tranquila. No tienen miedo de los MTS y embarazos. No tienen el remordimiento ya porque no son vírgenes o porque han tenido un fracaso. No están pensando cómo, cuándo, dónde y con quién tendrán su próxima relación sexual. Tienen el espíritu libre para estudiar. En resumen, el espíritu se desarrolla mejor cuando el cuerpo no consume toda la energía libidinal de los adolescentes y cuando el alma se dedica a un proyecto de vida más bien que a sensaciones momentáneas.

Para los adultos la situación es un poco diferente. Ya se ha formado la personalidad del adulto. Encontraron generalmente la rama en la cual quieren ejercer su actividad profesional. Las actividades sexuales perjudican raramente el desarrollo psicológico y social de los adultos. No obstante, las relaciones fuera del matrimonio pueden causar heridas en los adultos. Si se define la castidad como la abstinencia fuera del matrimonio y la fidelidad durante éste, es necesario saber que la infidelidad conduce a menudo al divorcio. La tensión que acompaña el adulterio, la tristeza y la cólera que causa tanto a los padres como a los niños son tantas emociones que implican generalmente pérdidas a nivel psicológico y económico. Resumiendo, la infidelidad puede en el adulto, como en el adolescente, perjudicar la realización de un plan futuro.

Espero que comprenda mejor ahora cómo un estilo de vida casto favorece el desarrollo de una vida sana a nivel físico, mental y social. El hecho de encontrar algunas excepciones a las 12 ventajas en ser castos no puede hacernos negar las evidencias: la abstinencia permite sentirse en seguridad delante distintos problemas que ha sido descritos por los especialistas de la adolescencia: los embarazos, los MTS y los dolores del amor. Permite también a los adolescentes adquirir a una personalidad sólida y e las habilidades relacionadas esenciales para el éxito de la vida marital y social. Por último, permite a los adolescentes divertirse desarrollando al mismo tiempo sus talentos, y dedicar aún más sus energías a su futuro.


Plan USA Abstinencia

Me complace enviar mis calurosas felicitaciones a todos aquellos que se han congregado en el Encuentro Internacional de la National Abstinence Clearinghouse [organización que promueve la abstinencia sexual.

Nuestra nación depende de la educación e instrucción por parte de ciudadanos, cuya preocupación es ayudar a la gente a optar inteligentemente y a comprender las consecuencias de sus propias decisiones. Vuestro esfuerzo, comprometido en la difusión de material educativo a nuestros jóvenes y a otros grupos de alto riesgo, les permite apreciar en su totalidad el valor de la abstinencia. La abstinencia es la única forma eficaz e infalible de eliminar el riesgo de infectarse con el VIH y con las enfermedades de transmisión sexual, así como de evitar el embarazo inesperado. La abstinencia no solamente es decir que no, también implica decir que sí a un futuro más saludable y feliz. La abstinencia es 100% segura, 100% eficaz, el 100% del tiempo.

Felicito a los participantes por sus esfuerzos encaminados a incrementar el conocimiento, a animar aquellas conductas que puedan proteger la salud de nuestros jóvenes alrededor del mundo y a ayudar a éstos a tomar decisiones correctas.

También aplaudo al National Abstinence Clearinghouse por promover un foro donde las ideas y loa conocimientos relacionados con la educación acerca de la abstinencia pueden ser compartidos entre los participantes.

George W. Bush,
Presidente de los Estados Unidos de América
La Casa Blanca, 13 de julio del 2001

Fuente: Abstinence Clearinghouse, 26 de julio del 2001, www.abstinence.net; info@abstinence.net.

 

 

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