LA FAMILIA ("Cuna de la vida y del amor")

Los verdaderos enemigos de la familia

familia El crecimiento del número de los separados, demuestra que la estabilidad familiar esta en peligro. Los medios de comunicación directa o indirectamente, a través de programas de entretenimiento, ridiculizan el valor del matrimonio y difunden una concepción de familia ideológica.
Divorciarse a pasado a ser lo normal, hoy para salvar un matrimonio en necesario remar contracorriente respecto a la cultura dominante y esto exige paciencia, esfuerzo, renuncia y un búsqueda incesante de mutua comprensión.
Hoy más que nunca se debe comparar el matrimonio con una competición de patinaje artístico sobre hielo donde mantener el equilibrio es difícil y arriesgado pero posible si se cuenta mutuamente con la ayuda del otro.
Hoy se difunden equivocadas concepciones sobre el hombre, la libertad, el amor humano, debemos presentar la verdad de la institución familiar como ha sido querida por Dios desde la creación.
Ningún hombre se ha dado el ser a si mismo, ni ha adquirido por si solo los conocimientos elementales para la vida, todos hemos recibido de otros la vida y las verdades básicas y estamos llamados a alcanzar la perfección en relación y comunión amorosa con los demás.
La familia fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y mujer, expresa esta dimensión relacional filial y comunitaria y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral.
En medio de un escenario de gran agresividad contra la familia, la iglesia alza una voz que nos recuerda que la familia tiene unos derechos propios que no pueden ser disipados en presencia de otras formas de unión que pretenden usurparla.
La familia debe ser ayuda para su misión propia e innegociable, porque es fundamental y compromete el futuro, la naturaleza y la existencia misma. por ejemplo, no es negociable la libertad, la salud y menos la familia.
Una sociedad sin familias es una sociedad sin alma porque la unión de los esposos es parte insustituible de su núcleo más elemental y de su desarrollo.
Chesterton decía: “Quienes hablan contra la familia, no saben lo que hacen porque no saben lo que deshacen”.
Pero el verdadero enemigo de la familia se encuentra no afuera sin adentro, cuando no se asume la parte esencial de su misión que es la transmisión de la fe, pues Dios no puede estar fuera de la familia porque la familia misma es su creación.
Una familia cristiana puede vivir su fe en medio de una sociedad secularizada, pero una familia secularizada no puede ser cristiana.
Una familia cristiana no puede ser igual a una que no lo es y por tanto no puede hacer las mismas cosas. Algunas se plantean como armonizar la disyuntiva fe o razón, en el fondo para un cristiano no deja de ser un planteamiento absurdo, nuestra preocupación debería ser como conciliar fe y moral.
El trabajo, la educación, las costumbres, las diversiones, el descanso, toda la vida cotidiana puede y debe reflejar la fe en Cristo, por eso en la familia, la palabra de Dios mantiene viva la llama de la fe.
En consecuencia el mismo camino de iniciación cristiana de los hijos, no es tarea que puede ser delegada por los padres.
El niño recibe un patrimonio de experiencia, a este respecto, los padres tienen el derecho y el deber inalienable de trasmitirlo a los hijos, educarlos en descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y sobre todo en el encuentro con Dios.
Los hijos crecen y maduran humanamente en la medida en que acogen con confianza ese patrimonio y esa educación que van asumiendo progresivamente.
En el fondo la vida de cada hombre y de cada mujer no es otra cosa que la elaboración personal de una síntesis entre lo recibido y lo nuevo, por eso la familia será siempre el único lugar donde todos son protagonistas, eslabones de una misma cadena que nunca debe romperse.

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