EL AMOR CONYUGAL


Los diez mandamientos del matrimonio

El matrimonio es un compromiso que se adquiere para ser cumplido a cabalidad entre los esposos. He aquí los mandamientos que todo cónyuge debe cumplir.

1. Amarás en sus cuatro dimensiones. Dimensión afectiva, espiritual, social y sexual.

2. Respetarás a tu cónyuge. El respeto se pierde por: la palabra, el silencio (silencios que matan), los gestos (cuando se llega a gestos violentos, se acaba el matrimonio).

3. Te comunicarás con tu cónyuge. Saber escuchar y hablar. No es mera charla, sino sacar todo lo que hay en el interior.

4. Te desvivirás en detalles para tu cónyuge. Esa flor, ese gesto, esa palabra que sabes que le gusta.

5. Cultivarás el sentido del humor. La vida no es una comedia, pero tampoco una tragedia. Es un drama, con cosas buenas y malas.

6. Regalarás a tu cónyuge un día de paseo al mes, los dos solos, sin los hijos.

7. Vivirás el matrimonio no como una meta, sino como un camino. Si lo consideras una meta es como decir “ya llegué”, entonces ya todo terminó, me canso, me aburro, me apoltrono.

8. No sacarás los agravios, defectos y fallos a cada rato. Lo pasado, pisado.

9. Sabrás perdonar, incluso la infidelidad.

10. Confiarás en tu cónyuge. Los celos matan el matrimonio.

Autor: P. Antonio Rivero - Catholic.net


Consecuencias de los celos en la estabilidad matrimonial
Aquilino Polaino-Lorente. Hacer familia

Son muy variadas las consecuencias que pueden derivarse de los celos en las parejas, algunas de las cuales son psicopatológicas y otras no. Entre estas últimas se encuentran la indignación y la ofensa; entre las primeras la cólera y el daño, la alienación y la pérdida.

Kierkegaard describe entre las principales consecuencias de los celos las tres siguientes: el duelo, la indignación y el miedo, según que su intensidad sea mayor o menor. El miedo se dirige aquí a objetivos muy concretos siendo, en consecuencia, no un miedo vago y abstracto, sino más bien un miedo sintomático: miedo a perder el afecto, a ser desposeído del prestigio y la consideración que hasta entonces se tenían, a perder el control social que se había alcanzado, etc.

Freud, por su parte, menciona el dolor, el odio y la pérdida de la autoestima, entre las consecuencias de los celos. Algunos autores han subrayado otras manifestaciones de tipo agresivo como la irritabilidad y la hostilidad, que suelen presentarse con una intensidad inusitada y desproporcionada en aquellos cónyuges, en los que la pérdida del autocontrol resulta demasiado fácil.

Las anteriores manifestaciones pudieran estar potencialmente relacionadas con otros trastornos psicopatológicos mayores (como trastornos de la personalidad, obsesiones, crisis epilépticas, ideas delirantes, etc.), por lo que constituyen un signo de alerta que reclama una exploración psicopatológica del cónyuge celoso, más atenta y cuidadosa.

La frialdad, el distanciamiento y la susceptibilidad son malos compañeros del comportamiento celoso porque, como aves de mal agüero, presagian una evolución más patológica y complicada acerca del futuro de la pareja.

En cambio, la aparición en el cónyuge de actitudes propias de quienes se hacen las víctimas -algunos se muestran como si fueran expertos lectores de los tratados de victimología- nos desvela la probabilidad de estar ante una personalidad histriónica, necesitada, manipuladora y dependiente de afecto.

El comportamiento ansioso suele ser una de las consecuencias más frecuentes del comportamiento celoso. La dependencia afectiva, al mismo tiempo que la hostilidad, constituyen un excelente caldo de cultivo donde la ansiedad puede crecer sin ninguna limitación. Esta ansiedad puede luego transformarse y sufrir todo tipo de metamorfosis, en función de cual sea la naturaleza psicobiológica del cónyuge, su contexto social y familiar, etc.

Como consecuencia de los celos pueden aparecer también variados trastornos psicosomáticos como la taquicardia u otros, que son consecuencia de la descarga de adrenalina que es la reacción de hostilidad, arcaica y automatizada, con que el organismo responde ante la amenaza de los celos. Esta reacción puede atemperarse e incluso extinguirse, en la medida que esas experiencias de los celos son asumidas, despreciadas o resueltas.

En otras personas, ese modo de reaccionar se organiza y cronifica dando lugar a un patrón de comportamiento agresivo que -consciente o inconscientemente, controlado o no- puede llegar a caracterizar el talante de uno de los cónyuges. A veces la hostilidad se hace manifiesta y estalla en ataques de agresividad dirigidos contra la persona de quien se siente celos. Cuando estos ataques se enmascaran aparecen los "accidentes", que imprevisiblemente puede acontecerle al cónyuge envidiado.

El comportamiento hostil puede variar mucho en sus manifestaciones: de la descalificación verbal al hostigamiento irónico, hasta hacerle caer, públicamente, en el ridículo; de la agresividad manifiesta a la sutil hostilidad encubierta que se ceba en la destrucción por "accidente" del "rival".

Los sentimientos de culpa patológica es otra de las consecuencias que se derivan del comportamiento celoso. Las autoacusaciones pueden tener un cierto fundamento y seguir al comportamiento hostil del cónyuge celoso. Pero si no se resuelven pronto, pueden llegar a generar sentimientos de inferioridad o confundir al esposo, quien enseguida resultará incapacitado para saber de qué es realmente culpable y de qué no.

Las autoacusaciones pueden terminar en un comportamiento autoagresivo muy violento, dirigiendo el cónyuge la hostilidad que tenía contra sí mismo mediante acciones autodestructivas (intentos suicidas). En otros casos, las autoacusaciones constituyen el primer núcleo sobre el que se asentarán los pensamientos obsesivos, las fobias y los actos rituales y compulsivos, es decir, todos esos elementos que enmarcan a la patología anancástica, cuyo pronóstico es tan incierto.

Freud hizo derivar, de los por él llamados "celos patológicos". Este es el caso de los delirios de infidelidad, es decir, de esas creencias irracionales acerca de la infidelidad del cónyuge. Estas creencias patológicas no se abandonarán por parte del paciente, cualquiera que sea la evidencia y las pruebas racionales que se hayan podido aportar en su contra.

De los celos patológicos surgen también las obsesiones y las ideas paranoicas. Las primeras, con su carácter monotemático y rígida reiteración, tienden a perpetuarse en las personas y en el tiempo, sin apenas cambiar sus contenidos; las segundas, en cambio, mucho más variadas y productivas que las obsesiones, pueden generar todo tipo de sentimientos, desde la hostilidad al odio, del resentimiento a la agresividad.

La ansiedad, el comportamiento fóbico y los trastornos depresivos son consecuencias fácilmente derivadas, según la teoría psicoanalítica, del comportamiento celoso. Por último, las personalidades psicopáticas y neuróticas parecen estar relacionadas, de una u otra forma, con el problema de los celos.

La espiral del comportamiento celoso puede determinar que éstos se cronifiquen y/o contagien a otras personas. El cónyuge puede sentir miedo a ser calificado de celoso por sus compañeros. En este caso, es muy frecuente que sus compañeros le humillen y se rían de él, precisamente por considerar que su susceptibilidad no es normal, que es raro lo que le pasa.

El cónyuge celoso se hará más susceptible e inseguro y tratará de ocultar todavía más lo que le pasa, como consecuencia de la vergüenza que por ello siente. El miedo ante la amenaza de que es objeto, por las burlas de parte de sus compañeros, le conducirá a aislarse todavía más. De este modo, todo parece contribuir a la cronicidad de las manifestaciones celosas.

En otros casos, los celos se contagian. El contagio es más frecuente que suceda entre los esposos, donde las crisis explosivas, las descalificaciones e insultos que suelen acompañar a las crisis de celos pueden suscitar en la otra persona una respuesta parecida o la instauración de la sospecha, lo que acaba por confirmar al celoso en su inicial e injusta desconfianza.

Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso del delirio de celos (por infidelidad) en el alcohólico. El cónyuge bebedor está siempre quejándose, injustamente, de la infidelidad del otro cónyuge. Como por otra parte, suele ser muy frecuente que el alcohólico sufra de impotencia sexual, este hecho intensificará su capacidad de sospechar y vigilar a su mujer, quien humillada por todos estos injustos ultrajes y vejaciones, un mal día decide marcharse de casa o ser infiel a su esposo.


El arte de un buen matrimonio

Si los esposos practican estos principios, el matrimonio se convertirá en una unión de por vida que sobrepasará los desafíos y resistirá las pruebas del tiempo:

  • La felicidad en el matrimonio no es algo que sucede sólo. Un buen matrimonio debe crearse.
  • En el matrimonio, las cosas pequeñas son las cosas grandes.
  • Es nunca ser demasiado viejo para tomarse de las manos.
  • Es recordar decir "te quiero" por lo menos una vez al día.
  • Es nunca irse a dormir enojados.
  • El cortejo no debe terminar con la luna de miel, debe continuar a través de todos los años.
  • Es tener un sentido mutuo de valores y objetivos comunes.
  • Es enfrentar juntos el mundo.
  • Se trata de formar un círculo de amor que reúne a toda la familia.
  • Se trata de hacer las cosas para cada uno, no en la actitud de servicio o sacrificio, sino en el espíritu de alegría.
  • Es hablar en términos de reconocimiento y demostrando agradecimiento con maneras reflexivas.
  • Es cultivar la flexibilidad, la paciencia, la comprensión y el sentido del humor.
  • Se trata de tener la capacidad de perdonar y olvidar.
  • Es darse uno al otro en una atmósfera en la que cada uno pueda crecer.
  • Se trata de una búsqueda común por el bien y la belleza.
  • Se trata de establecer una relación en la que la independencia es igual, la dependencia es mutua y la obligación es reciproca.
  • No se trata sólo de casarse con la pareja adecuada, es ser la pareja adecuada.
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Receta para un matrimonio feliz

¿Qué ingredientes necesitamos poner para preparar el exquisito «Éxito en el matrimonio» y para mantenerlo vivo y fortalecerlo durante toda la vida sin dejarlo a la improvisación, al destino, ni a la suerte?

He aquí una receta que bien vale la pena poner en práctica:
Mezclar los siguientes ingredientes y darle vueltas hasta que la masa esté afianzada:

  • Un poco de esfuerzo diario y continuo de «querer querer» a la persona que hemos elegido para pasar el resto de nuestra vida.
  • Querer a la persona, con sus virtudes y con sus defectos e intentar adaptarnos al otro.
  • Cuidar los detalles pequeños que hacen que tu pareja sienta que es la persona más importante para ti.
  • Aprender a pelearse sin faltarse nunca el respeto.
  • No hablar nunca de las relaciones sexuales de forma grosera y vulgar.

Regarlo con el mejor caldo: el sentido del humor y añadir tu toque personal. Y ya tienes el plato listo para servir.

He aquí un consejo lleno de sentido del humor que no se puede olvidar:

«Dichoso el marido de una mujer buena: se doblarán los años de su vida. La mujer hacendosa hace prosperar al marido, él cumplirá sus días en paz. Mujer buena es buen partido que recibe el que teme al Señor: sea rico o pobre, estará contento y tendrá cara alegre en toda sazón. Mujer hermosa deleita al marido; mujer prudente lo robustece; mujer discreta es don del Señor: no se paga un ánimo instruido; mujer modesta duplica su encanto: no hay belleza que pague un ánimo casto. El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada». Lectura del libro del Eclesiástico: 26, 1- 4, 16 - 21

Fuente: Conoze.com


Que hacer y no hacer en el matrimonio

Hay algunos atributos básicos que pueden ayudar a fortalecer o debilitar su relación
Tan simples como son, suelen dejarse a un lado o mirárseles con menosprecio. Pero démosle un poco de atención y tomemos nota de cuán importantes pueden ser cada uno de estos puntos.

Qué hacer

Rezar juntos
Una pareja que reza junta se conecta en un nivel muy profundo. Se unen en sus creencias, metas y valoraciones en común, ganando gracias para su relación; por lo tanto se ligan emocional y espiritualmente.

Mostrarse afecto
No tema besar a su cónyuge frente a sus hijos ni olvide que tomarse las manos puede ser agradable y mágico. El afecto rompe las murallas que puedan haberse construido entre ambos.

Jugar y reír
Los momentos de alegría hacen que la pareja que sienta cómoda y feliz de estar junto a la persona escogida. Además de compartir las cargas de la vida común, no hay que olvidarse de disfrutar con el otro y hacerlo sentirse bien.

Alentarse mutuamente
Estar casados no significa que usted o su esposo/a no necesiten aliento. Todos lo necesitamos. Escuchar que alguien cree en usted o está alentándole en algo que le importa es importante para usted, y hace toda la diferencia en el mundo de sus sentimientos sobre sí mismo y los demás. A su pareja, le ocurre lo mismo...

Invertir tiempo en su relación
El más duro obstáculo para los padres - y para muchos profesionales - es encontrar tiempo a solas con el otro. Asegúrese de conseguirlo. Sea una hora tranquilos en su cuarto antes de dormir, o una cita afuera, hay que encontrar lo que mejor funcione y ponerlo en práctica, para que la relación se alimente con tiempo y atención. La planta que no se riega, muere de inanición.

Qué no hacer

Negarse a perdonar
Enseñamos a nuestros hijos a perdonar, y nosotros ¡también debemos hacerlo!
Algunas heridas toman más tiempo en cerrarse que otras, pero los rencores y resentimientos sólo alejan el amor, y dificultan mucho más el re encauzamiento de la pareja que ya ha sufrido un quiebre.

Burlarse del otro
El sarcasmo es la enfermedad más grande en nuestros hogares, y puede ser muy doloroso. La burla y los comentarios sarcásticos nunca construyen un hogar o un matrimonio. Hay que evitar este hábito dañino e intentar afrontar las discusiones de forma más considerada. El otro no es un enemigo, sino alguien a quien amamos y con quien estamos en desacuerdo en algún punto. No se debe perder este punto de vista.

Comparar a su cónyuge
Su marido tal vez no sea como el de su amiga, o viceversa, en algún aspecto que usted admira, pero usted tampoco es otra persona. Todos tenemos fortalezas y debilidades. Las comparaciones sólo aumentan las debilidades en lugar de fomentar las fortalezas, porque vuelven inseguro a quien es comparado. Y por lo demás, jamás es justo para nadie. Debemos dejar de hacer aquellas cosas que perjudiquen la autoestima y la confianza de los que amamos.

Criticar
Todos cometemos errores. La paciencia con los errores ajenos, y la indulgencia, facilitarán mucho la relación, y puede lograr mucho más que la crítica. Las relaciones en que la crítica es frecuente también desvalorizan mucho al "errado" y quebrantan la confianza entre ambos.

Culpabilizar
Muchos caen en esto. La culpabilización nunca resuelve nada, sólo divide a la pareja. Se aplica a esto lo mismo que a la crítica y la burla. Son todos medios malsanos de avanzar sobre el otro, como si fuese un enemigo o un contendor a quien debemos aplastar. Está claro que estos "métodos" no ayudan en nada a mejorar una relación.

Gritar y/o pelear muy fuerte
No estar de acuerdo o discutir es parte de cualquier relación matrimonial. Pero cuando comienza la tendencia de gritar, dar portazos, etc., puede convertirse en un hábito que termina destruyendo la comunicación. Aprenda a ser constructivo/a y práctico/a cuando no estén de acuerdo, o dése un tiempo hasta que sus emociones se calmen un poco.

Autor: Revista Buen Vivir, Centro de estudios para la familia.(México)


Cómo mejorar la relación con su cónyuge

  • Aprenda a dialogar: escuche, explique y comprenda hasta ganar/ganar.
  • Tenga paciencia con el proceso y la persona.
  • Trátelo/a con delicadeza.
  • Tenga disposición de aprender de él/ella.
  • Acéptelo/a como es, sin exigir cosas que no puede dar.
  • Tenga una actitud abierta cuando discutan puntos en los que ambos difieren.
  • Concéntrese en las cualidades y buenas acciones del él/ella, antes de resaltar lo malo.
  • Antes de emitir un concepto negativo que ataque a su cónyuge, pare respire y conviértalo en algo positivo.
  • Retome actividades y hobbies que practicaban juntos en sus épocas más felices

Hágase las siguientes preguntas:

  • ¿Qué hace que yo me sientas amada(o)?
  • ¿Que hace que mi cónyuge se sienta amada(o)?
  • ¿Cómo puedo encontrar nuevas expresiones para mostrar mi amor a mi cónyuge en esta semana?
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Remedios para el desamor

  1. Borrón y cuenta nueva
  2. No sacar la lista de agravios
  3. El respeto mutuo en palabras, obras y gestos.
  4. Ser persona de criterio.
  5. No caer en el aburrimiento o la rutina.
  6. Evitar discusiones innecesarias.
  7. Tener una vida sexual sana, positiva y centrada en la comunicación.
  8. Mejorar y pulir constantemente las dificultades de la convivencia.
  9. Sentido del humor.
  10. Capacidad de afrontar situaciones difíciles.
  11. Habilidades en la comunicación.
  12. Introducir días rosas.
  13. Saber que la vida tiene luces y sombras.
  14. No querer controlar al cónyuge.
  15. Cambiar las ideas irracionales
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Diez ideas para afianzar el matrimonio

  1. Presente a su pareja en público con orgullo y diciendo algo positivo.
  2. “Malcríe” a su cónyuge.
  3. Cuando esté enfadado/a, haga una acción en favor del cónyuge.
  4. Ofrezca su colaboración voluntaria para hacer algo.
  5. Dos palabras claves: gracias y perdón.
  6. Haga una pausa para cambiar de rol una vez al año: El en la casa; ella en lo que quiera.
  7. Halague el gusto de su pareja de vez en cuando.
  8. Buen humor.
  9. No se trata de quién tiene la razón, sino de amarse.
  10. Piense de vez en cuando en los momentos buenos del noviazgo y matrimonio.
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Preguntas que todo cónyuge debe hacerse

  1. ¿Pasa usted más tiempo criticando a su cónyuge que considerando sus rasgos positivos y agradables?
  2. ¿Hace su cónyuge cosas que usted le molestan tanto que siente que debe llamarle la atención?
  3. ¿Habla usted con menosprecio a espaldas de su cónyuge?
  4. ¿Ha colocado usted normas tan elevadas para su cónyuge que ni usted puede cumplirlas?
  5. ¿Presiona usted a su cónyuge para que se amolde a las normas que usted le ha impuesto a fin de poder aceptarlo con más facilidad
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Los gritos matan el amor

Un día un maestro occidental preguntó a sus discípulos lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos: Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos. Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? preguntó el maestro - no es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué grita a una persona cuando estás enojado? Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al maestro.

Finalmente el explicó: "Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuertes tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia."

Luego el maestro preguntó: "¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

El maestro continuó: Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así están dos personas cuando se aman.

Luego el maestro dijo: "Cuando discutan, no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tan larga que no encontrarán más el camino de regreso."

Tomado de Familia.info

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